Como el TAFTA afectaria a México un tratado de libre comercio de UE Y EUA

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EL UNIVERSAL CUENTA Y MENCIONA COMO NOTA DE LA SEMANA LA NO TICIA MAS DESTACABLE

Uno de los aspectos más destacables del discurso de la semana pasada del presidente Obama ante la sesión conjunta de su Congreso para informar sobre el estado de Estados Unidos fue, sin duda, el anuncio del inicio de negociaciones de libre comercio con la Unión Europea (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TAFTA).

La importancia del anuncio reside en el hecho de que es una de las primeras noticias positivas para la economía global en términos de apertura comercial y ya no sólo una promesa de no incrementar el proteccionismo. Además, refleja una visión optimista de las dos economías más importantes del mundo y de su vocación de mantenerse competitivas.

Es también una noticia relevante al darse en el contexto de una preocupación creciente por la guerra de monedas en que se pretende la devaluación de cada una con el objeto de aumentar la competitividad y promover el reequilibrio de la economía mundial. Por supuesto, la devaluación de todas las monedas es una imposibilidad aritmética. El TAFTA ayuda a cambiar el tono de la discusión: en lugar de enfocarse en el debilitamiento de las monedas como ventaja competitiva y mecanismo de ajuste, pone énfasis en la apertura comercial y una mayor integración económica.

El posible éxito de la negociación del TAFTA tiene, además, repercusiones en el mundo. Por un lado, es un reflejo del poco avance y pocas posibilidades de conclusión de la ronda de Doha. Por otro, TAFTA implica un reto para otras negociaciones comerciales y el grado de apertura en el resto del mundo.

Antes del anuncio de TAFTA, el consenso era que la única negociación relevante en el ámbito del comercio internacional era la de la Alianza Transpacífica (TPP). De hecho, uno de los argumentos para subirse a la negociación era precisamente que TPP representaba la única en curso con posibilidades reales de influir en el nivel de disciplinas para el comercio internacional y tener éxito. Así, uno de los principales retos del TAFTA es, precisamente, para TPP.

Para el gobierno de Estados Unidos, TPP es parte de su estrategia para pivotear hacia la región más dinámica del mundo en la cuenca del Pacífico. También representa una forma de posicionamiento con respecto a China que no es parte de la negociación. TPP ya ha tenido éxito en el sentido de que logró convencer a Canadá y México de sumarse y a Japón de evaluar su posible participación, además de que ha provocado que China promueva la expansión y profundización de Asean.

A primera vista podría parecer que TAFTA revierte la prioridad pacífica a favor de la tradicional atlántica de Estados Unidos, pero es probable que éste no sea el caso. TAFTA es también en parte una reacción al posible éxito de TPP. Alemania es uno de los principales exportadores del mundo y tiene necesidad de asegurar acceso competitivo para sus empresas, además de diversificar su alta exposición al riesgo europeo. Ante la perspectiva de que Doha no consiga una mayor apertura para las exportaciones de manufactura europeas (en especial alemanas), una mayor integración con Estados Unidos permite a Europa tener una agenda comercial ofensiva, evitar que se merme aún más su posición competitiva en Estados Unidos y no quedar en una posición desfavorable si TPP avanza.

No obstante, Estados Unidos no necesita ver TPP y TAFTA como sustitutos, sino como complementos que compiten por su atención. Esto maximiza las posibilidades de concluir ambos.

En este contexto, el riesgo para TPP es que si no logra terminarse en 2013, puede pasar a un segundo plano ya que la relevancia de TAFTA depende de que tenga un nivel de ambición superior al que pudiera alcanzar TPP. No tiene mucho sentido una negociación entre la Unión Europea y Estados Unidos si el nivel de ambición no es alto en materias como barreras no arancelarias, reconocimiento mutuo de normas, subsidios, acceso agropecuario, servicios (incluidos todos los modos de transporte), coherencia regulatoria, facilitación de comercio, compras de gobierno, competencia, servicios profesionales, entrada temporal, prácticas desleales y propiedad intelectual.

Políticamente, el nivel de ambición puede ser más alto ya que Estados Unidos y Europa se consideran iguales, con condiciones de competitividad y culturales similares.

Para México y Canadá la posible negociación de TAFTA presenta un reto (y oportunidad) aún mayor: un TAFTA exitoso sin los socios del NAFTA implica una merma de su posición competitiva en el mercado más importante que es Estados Unidos. Para Canadá el reto no es sólo económico, sino simbólico ya que ha sido un país que ha promovido, y defendido, incluso militarmente, a la alianza del Atlántico Norte durante décadas.

Idealmente, México y Canadá deben participar en la negociación de TAFTA y asumir las altas disciplinas que de allí surjan. No va a ser fácil que sean invitados (el peor caso es que se invite a Canadá—que está negociando su TLC con la UE y no a México que ya lo tiene), pero debiera insistirse en ello. Si Estados Unidos percibe que México o Canadá no parecen dispuestos a un avance eficaz en TPP, tendrá un argumento adicional para no aceptarlos en TAFTA.

Si no se consiguiera una tal invitación, sería muy importante que México: uno, insistiera en acumulación de origen entre NAFTA, TAFTA y el tratado de libre comercio Unión Europea México (TLCUEM) para obtener, en bienes y producción conjunta, los beneficios del TAFTA; dos, propusiera que el NAFTA fuera actualizado con disciplinas equivalentes a las del TAFTA para el resto de los capítulos; y, tres, que evaluara adoptarlas de manera unilateral si no se pudieran incorporar al NAFTA.

Ahora bien, es también probable que el nivel de ambición del TAFTA no sea alta si el gobierno de Obama no está dispuesto, como no lo ha hecho hasta ahora, a tomar medidas realmente procompetitivas y de apertura. En este caso, TAFTA sería sólo un acuerdo más, sin mayor consecuencia y que, quizá por eso, nunca concluiría.

El avance del TPP y el anuncio del TAFTA son indicativos de que México tomó la decisión estratégica correcta al haber negociado la Alianza del Pacífico y el TLCUEM hace unos años. El gran perdedor de todos estos movimientos es Brasil que tiene un Mercosur que no sirve, no ha podido negociar con Europa y no ha capitalizado los avances de Doha en materia agropecuaria.

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